
“Tal vez se parezcan a nosotros. En sus rasgos se reflejan los nuestros,
unidos, como por un prodigio, a los de las personas que hemos amado. En
sus gestos, en su mímica, nos reconocemos a nosotros mismos con
deleite, y a veces también con angustia. Los amigos nos confirman que
nuestros hijos e hijas parecen hechos según el modelo de nuestro rostro.
Todo esto nos garantiza cierta prolongación de nosotros mismos cuando
ya no estemos.
Pero nosotros no somos el modelo a partir del que se han elaborado las
copias ulteriores, sino tan sólo una quimera, construida a medias con
los rasgos...